Valle de Bravo

25 10 2007

Fin de semana en Valle de Bravo

Antes de que hubiera laguna ya estaba ahí el bosque que viste a las montañas y el pueblo se llamaba San Francisco del Valle de Temascaltepec. Hoy, esto es un paraíso que no deja de sorprendernos, pues hay un Valle de Bravo para cada gusto, edad y presupuesto; hay deportes en agua, tierra y aire; hay boutiques y artesanías, delikatessen y antojitos; güeros y morenitos. Hoy, el pueblo lleva el apellido de Nicolás, el Bravo que acaudilló a los vallesanos y a los Niños Héroes en la defensa de Chapultepec en 1847.

VIERNES

La parte gastronómica de esta escapada empieza en el centro de Toluca, a un costado de la catedral, donde se encuentra una espléndida tortería llamada LA VAQUITA NEGRA en la que además venden chorizos, lácteos, conservas y encurtidos. Recomiendo una catalana (jamón serrano y queso blanco) y una toluqueña (obviamente de chorizo). A unos cuantos pasos se puede comprar el tradicional “mosquito”, licor originalmente de naranja, aunque ya se hace de diferentes frutas.

Avándaro nos recibe en medio de un aguacero. A lo lejos, entre ocotes y oyameles, se asoma el lago y, poco a poco, aparecen signos de lo que nos espera más adelante: un rancho, un primer club de golf, la pista de go-karts y las casas de campo en un estilo arquitectónico entre alpino y californiano, pero definitivamente montañés. Avándaro, que alguna vez estuvo separado de Valle de Bravo, hoy es un espacio conurbado, una zona residencial ciertamente de lujo pero muy respetuosa de su entorno, milagrosamente salvada del aluminio y del mármol, y generosamente cubierta de flores y tejados. De modo, pues, que el tramo de bosque que nos separa de Valle (con cascada y todo) está salpicado de cabañas. Mientras dejamos el equipaje en el hotel, para nuestra suerte, va escampando.

Salimos a dar una vuelta de reconocimiento por la PLAZA INDEPENDENCIA. Nos asomamos a la IGLESIA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS, que aunque de construcción reciente, tiene una torre del siglo XVI y unos vitrales que rememoran la vida del hermano. En torno de la plaza hay lo mismo restaurantes que ferreterías y juegos de maquinitas. Por la calle Alameda subimos hacia la de Joaquín Arcadio Pagaza, donde encontramos el CENTRO CULTURAL JOAQUÍN ARCADIO PAGAZA en una antigua residencia en la que se ve bastante movimiento, y es que como hoy es el Día Internacional de los Museos, en unos minutos más se celebrará un concierto de “música culta” de guitarra, saxofón y órgano por los alumnos del taller que aquí se imparte.

Cubierta nuestra cuota de actividades culturales, regresamos a la plaza y avanzamos hacia el norte por Bocanegra admirando la elegancia de las construcciones más sencillas, que no necesitan sino paredes blancas, tejas, mucha madera y eventualmente ventanales y balcones de herrería. Frente a EL TORITO WILLIS nos detienen el ambiente y el aroma de carnes bien cocidas que cenamos con una ensalada y una cerveza.

Inevitablemente, después de la cena el empedrado nos lleva hasta EL MUELLE, corazón del pueblo, desde donde vemos el yate que ha zarpado siguiendo el derrotero de la lunada a bordo, “con música para bailar, bar y botanas”.

valle3.jpg

Como hace un poco de frío, pedimos una carga de leña –que viene con sus respectivas astillas de ocote– y me duermo absorto en la siempre mágica danza de las llamas de la chimenea que iluminan la habitación.

SÁBADO

Hoy hay que salir con el traje de baño puesto y desayunar en el ambiente ecológico y familiar de LOS CHURROS DEL VALLE en la calle 16 de Septiembre, por el rumbo del MERCADO DE ARTESANÍAS.

A las diez de la mañana aún son más los vendedores que los turistas que llegan al mercado. Aunque algunos puestos están cerrados, el aroma del ocojal y la madera no se quita. Del ocojal, escobillas que alfombran y perfuman el bosque y que son las hojas del ocote, aquí se fabrican cestos, paneras y un montón más de artesanía.

Abordamos el carro y salimos hacia AVÁNDARO a visitar la cascada que vimos ayer a un lado del camino. Allí averiguamos que la del VELO DE NOVIA está más adelante, por el lado del club de golf. Llegamos al punto desde donde sólo se sigue a pie o a caballo y optamos por el transporte ecuestre –que no podemos decir que califica para el salto olímpico, pero es mucho más joven, limpio y saludable que los de otros lugares–. A unos quince minutos de camino tenemos una primera vista de la cascada, aunque es necesario rodear un poco para bajar hasta donde el olor a pino es más intenso y crece el ruido del agua al golpear las piedras del arroyo. Nos dicen que como apenas empieza la temporada de aguas, el velo sólo cubre una pequeña parte de la pared. De los asadores instalados en el área surgen las sabrosas emanaciones de las arracheras y longanizas que familias y grupos de jóvenes trajeron para el día de campo. Fuera zapatos y ropa, encontramos un chorro que nos refresca y masajea. De regreso, decido no dar toda la vuelta y subo por el atajo, aunque ello implica encargar que se traigan mi caballo y borra en un dos por tres los refrescantes efectos de la mojada.

Ya encarrerados y aprovechando que el sol brilla en lo alto, regresamos a Valle y en el muelle apalabramos lancha y leve lección de esquí de una hora por 350 pesos. No dejen de intentarlo. Si es su primera vez, lo más seguro es que se den uno que otro chapuzón que no pasará a mayores, pues llevan salvavidas y, por si no traen el sentido común en automático, les van a advertir que si no logran salir suelten el mecate; si están más avanzaditos, sus esfuerzos por mantener las rodillas pegadas al pecho y por incorporarse poco a poquito manteniendo los esquís paralelos fructificarán en el dominio de las aguas que hace que uno se sienta el héroe de la función a partir del metro seis. Como sea, lo seguro es que se van a divertir, se van a picar y van a deshacerse de un buen montón de calorías.

valle1.jpg

Transcurrida la hora y negociado el pico que nos excedimos, seremos depositados en el muelle apenas con las energías suficientes para llegar a Los PERICOS, bar y comedor flotante donde recargaremos la pila con una buena michelada y alguna botana que deje el apetito a punto para comer más tarde en forma.

Agenda para la siguiente hora: hotel, baño y ropa limpia. Comida a las cuatro. Se puede incluir una siesta, nomás que no se vayan a seguir de largo. El restaurante que hemos elegido está en la calle de Santa María, que se identifica por la iglesia del mismo nombre, en la que se venera a un Cristo negro. Ya íbamos llegando pero nos llamó la atención ver que los intrépidos acróbatas del parapente parecían descender por aquel rumbo, así que nos seguimos por la calle Marina Nacional y encontramos que, efectivamente, la zona de aterrizaje está atrás de la iglesia, a la orilla del lago. Allí pudimos observar de cerca las maniobras y algunas piruetas francamente apantallantes, mientras los cuates de las Alas del Hombre nos explicaban lo sencillo y seguro que es el vuelo en tándem, o sea donde uno viaja en calidad de bulto y el artefacto va tripulado por un experto. Según el viento, el viaje puede durar entre 20 y 30 minutos y la tarifa es de mil trescientos pesos, seguro incluido. ¡Lástima que ora sí ya tenemos que irnos a comer!

Entre los múltiples restaurantes y comederos de Valle de Bravo sobresalen tres o cuatro por el buen gusto y la calidad en la cocina, la decoración, el ambiente y el servicio. Uno de ellos es el MOSTAZAS que, como dije, está en la calle de Santa María. Después de un fetuccini de calabacitas o unos medallones en salsa roquefort acompañados de una copa de vino, se recomienda visitar allí mismo la tienda, en la que se pueden adquirir algunos platillos fríos como terrinas y lengua en áspic, o panes, salsas y aderezos de la casa.

Subiendo por la calle Santa María llegamos al principio de la de Joaquín Arcadio, donde están las tiendas de postín, básicamente dedicadas a los muebles y artículos para el hogar, importados o de diseño exclusivo y fabricados en maderas finas, cristal y acero inoxidable; se puede conocer una boutique especializada en angulas, endivias y lechugas frescas, aunque también expende plantas de ornato y conservas exquisitas; una tienda de deportes en la que puedes adquirir un parapente con curso y todo por 15 mil pesos o, como en este caso, enterarte en Solo Bici que mañana por la mañana hay competencia de ciclismo de montaña, a la cual –faltaba más– nos apuntamos… como observadores.

A mano izquierda, en un porche un poco por debajo del nivel de la banqueta, está KEGEL-CAFÉ, donde dan un riquísimo pastel de manzana que va muy bien con un café cargado.

Para completar el mandado, hay que atravesar la calle y comprar pan de natas, de cebolla, integral y cuernitos de mantequilla.

Antes de retirarnos podemos estirar un poco el paseo en el BAR LUNA, ya cerca de la plaza.

DOMINGO

Desayunamos en LA CUEVA DEL LEÓN que ofrece una sabrosísima vista de la plaza. Ésta, siguiendo la tradición que reserva este día para la misa y el mercado, se va llenando de fieles de ambas causas. Consumido el refrigerio, tomamos por la calle de Independencia donde las vendedoras de flores anuncian el camino del mercado. Allí todo es trajín, frescura y colorido, como el que lucen las indígenas mazahuas que bordan y venden manteles y carpetas. Mientras curioseamos, averiguamos cómo se sube al deportivo donde va a celebrarse la carrera.

Como la salida es a las doce, disponemos de un rato para perdernos, aunque no lo logramos. Subiendo por Bocanegra se nos acaba el pueblo y continuamos en una terracería por la que suben y bajan taxis. Más adelante, los autos estacionados nos indican que hay que hacer lo propio y unos metros más arriba encontramos los listones que marcan la ruta en la montaña. Una música infernal nos conduce a un insospechado estadio, con pista y gradas, en el que se ha instalado la parafernalia propia del evento.

Allí, Alan Valencia, del Club Valle de Bravo Bikes, que es uno de los organizadores, nos informa –para empezar– que la carrera está avalada por CIMA y es puntuable para el campeonato regional. Hay cerca de 200 competidores de diferentes categorías. Nos dice que este circuito se considera bastante rápido y técnico, pero muy “rodable”, y tiene el mérito de que es 100% montaña y nada de pavimento. Además –digo yo– del atractivo del paisaje, aunque la verdad no creo que los competidores le pongan mucha atención.

Muy puntualmente, el contingente es convocado a la pista, donde los jueces van dándole salida a cada categoría. Dejamos el estadio y nos metemos al bosque siguiendo a los ciclistas que se internan en un trayecto de nueve kilómetros al que los expertos van a darle cinco vueltas a velocidades que qué bueno que allá arriba están los de la benemérita Cruz Roja.

Muy pronto hay una primera pendiente que se baja derrapando; más allá se vuelve a pedalear hasta llegar a una curva que exige frenar por completo. De algún lado surgen voces que animan a los competidores (“¡Vamos Kenia, tú puedes!”, “¡Vas solo Conejo, vas solo!”), ecos del espíritu deportivo que se solidariza con desconocidos (“Despacio allí, compa: viene la bajada”) y hasta opiniones de los que vienen sobre ruedas acerca del respetable (“¡Újule, qué aguados!”).

A partir de esta hora todo es adelantarse o quedar atascados en el tráfico de regreso, así que pasamos a recoger las cosas que se quedaron encargadas en el hotel y bajamos a la zona del embarcadero donde comemos en una terraza con vista a la laguna. Aquí, el domingo los restaurantes ya no sirven cena: los vallesanos la toman en la recuperada tranquilidad de sus hogares, y los paseantes, de nuevo en casa, al borde del stres nuestro de cada día.

POR DONDE

Ir a Valle de Bravo saliendo del D. F. nos da la oportunidad de recorrer la que podría llamarse –ésta sí– “ruta de la esperanza”: dos horas y media de un camino como quisiéramos que fueran todos en nuestra patria. Empieza –si quieren– en el zócalo y saliendo del centro toma Reforma, pasa Chapultepec, sigue entre los verdes camellones de Las Lomas, atraviesa el prodigio de ingeniería y urbanismo que es Santa Fe y nos pone ante la posibilidad de escribir en nuestro propio libro de récord el de haber pagado la carretera más cara del mundo. Por ésta, llegamos al paseo Tollocan, flanqueado por un pujante corredor industrial oculto tras una cortina de ahuehuetes. De Toluca salimos rumbo al sur por el Paseo Colón hasta la Calzada al Pacífico, donde damos vuelta a la derecha y después de una leve planicie encontramos la desviación que lleva a Valle por el hermoso camino que bordea al Nevado. Después de atravesar asombrosos paisajes alpinos, bosques espesos y numerosas pero bien trazadas y cuidadas curvas, llegamos a nuestro destino por el exclusivo lado de Avándaro.

A partir de Toluca esta ruta se conoce como la “del Nevado” o “los Saucos”, y aunque ciertamente es un poco más sinuosa que la “del monumento”, Amanalco o Villa Victoria, no tiene desperdicio.

valle2.jpg

Advertisement

Acciones

Información

2 respuestas

4 10 2009
Raunel Aguirre Guzman

Que se puede dicir del lugar es maravilloso yo tengo la dicha de conocer
Avandaro ,El fresno, Palito verde y cada que tengo vacaciones me gusta ir alla.
Ahora quisiera felicitar al h.ayuntamiento

FELICIDADES FELICIDADES

SU CORDIAL AMIGO

RAUNEL AGUIRRE GUZMAN

18 01 2011
pablo

ILOVE TO VALLE DE BRAVO

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s




Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.